Huevos revueltos.
El día de ayer, fui lo más "instantánea" que hay en la preparación del almuerzo: pollo asado (comprado en un local especializado) con puré instantáneo. Sólo me demandó un mínimo de trabajo la ensalada...
A la hora del té, como quedaba un resto de champiñones a punto de expirar, decidí prepararlos con huevos revueltos.
"Scrambled eggs" (huevos revueltos) fue el primer título de una de las baladas más populares del mundo: "Yesterday". Paul McCartney se levantó con la melodía en su cabeza, y quizá con algo de hambre, se sentó al piano tarareando: "scrambledd eggs"... bueno, el título final terminó resultando definitivamente más sentador, y ahora McCartney ya no come huevos con tocino (o bacon, favorito de los ingleses para el desayuno), pues es vegetariano.
No siempre uno puede adivinar cuándo un huevo saldrá con una yema amarilla-naranja, y no de color amarillo-pálido, indicio de de calidad "ahí-no-más"; generalmente el tamaño da una cierta garantía, como asismismo que sea un "huevo fresco" o "de campo recién puesto". Pero una vez que ya tenemos este elemento en nuestro poder, hay que tener cuidado que en la preparación el huevo quede efectivamente "revuelto", con una textura semilíquida y no se nos seque (exceso de calor y/o tiempo en la sartén).
¿Las combinaciones? infinitas, a gusto e imaginación del consumidor. Mis propuestas:
- champiñones salteados, con un toque de ajo.
- tomates picados y suficientemente cocinados, con un poco de orégano.
- jamón o tocino.
- aceitunas.
- camarones.
- salchichas.
- cebolla.
Ojo que las últimas dos combinaciones pueden caer mal a estómagos delicados.